Mexico

México es un país que cuenta con una importante historia de danza escénica, en general, y de danza contemporánea, en particular. Esta historia ha dado lugar a un movimiento dancístico rico, plural y diverso que a pesar de la fuerte centralización cultural del país, ha arraigado ya en numerosas ciudades de toda la república. De tal forma que, por mencionar algunos nombres, puede hablarse de la Ciudad de México, Monterrey, Mérida, Oaxaca, Mazatlán, Querétaro, Jalapa, Hermosillo, San Luis Potosí, Culiacán, Tijuana y Guadalajara como centros de actividad dancística permanente.

Existe una amplia red nacional de festivales dedicados exclusivamente a la danza, que si bien surgió como proyecto institucional, responde a una necesidad expresada por la comunidad de la danza contemporánea en el país, que requería de un mecanismo que les permitiera dar a conocer su trabajo por todo el territorio nacional. Poco a poco estos festivales se han ido consolidando y hoy en día cuentan con recursos que les permiten incluir a compañías internacionales. Esta red está dividida por áreas geográficas. De ellos la red del noroeste es la de mayor impacto, calidad y prestigio a nivel nacional e internacional. En estos momentos se está considerando cambiar el perfil de estos festivales reduciendo su duración para, con los recursos económicos que se ahorran con este cambio, mantener una programación de danza a lo largo del año.

Existen además en cada provincia festivales culturales internacionales que cuentan con importantes recursos y que en su programación incluyen a grupos de danza locales y extranjeros.

Mención aparte merecen el Festival Internacional Cervantino y el Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México, que son dos de los más importantes eventos culturales con renombre a nivel internacional que incluyen danza. Gracias al apoyo económico que estos festivales reciben, compañías de renombre las de Bill T. Jones, Marie Jouinard, Pina Baush, Emio Greco, Wim Vandekeybus, Maurice Béjart, entre otras, han podido dar a conocer sus obras al público mexicano.

Las nuevas generaciones de creadores están construyendo sus propias opciones de circulación de obras y compañías. En los últimos años han surgido festivales independientes como el Festival Teatro del Cuerpo, Festival Red Serpiente, Festival Danza Extrema y el Festival Internacional de Danza y Medios Electrónicos que combinando financiamiento público y privado están dando nueva movilidad a la danza, con formas novedosas de programación y de una manera lúdica están formando nuevos públicos para la danza con funciones al aire libre, en foros alternativos o happenings en el bosque.

Los teatros en donde se programa danza cuentan en general con tecnología de punta y se encuentran ubicados en importantes centros culturales. En la Ciudad de México: la Unidad Artística y Cultural del Bosque del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA); el Centro Cultural Universitario de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); el Centro Nacional de las Artes (CENART); y en las ciudades del interior: el Centro Cultural Tijuana y los diversos Centros Estatales de las Artes; además cada ciudad capital de los diferentes estados cuenta con un gran teatro en donde se programan diversas actividades culturales y entre ellas la danza, la mayoría de estos edificios datan de la época colonial o del siglo XIX por lo que además son considerados de joyas arquitectónicas. Es importante señalar que la mayoría de las capitales estatales (con la excepción de México DF) cuenta con un teatro profesional, sin embargo, salvo en los períodos establecidos para los festivales, no realizan una programación regular de danza que cubra todo el año.

Actualmente la danza contemporánea mexicana tiene exponentes que cuentan con reconocimiento internacional, como la Compañía Tania Pérez-Salas, Delfos Danza Contemporánea, Quiatora Monorriel, La Manga danza y video co., Antares, La Lágrima, El Cuerpo Mutable, Alicia Sánchez Compañía, Apoc Apoc Danza, Contempodanza, Barro Rojo, Contradanza, etc. Constantemente un reducido número de las compañías nacionales está participando en festivales internacionales o en las diversas actividades culturales que desarrolla el gobierno mexicano en el exterior a través de sus embajadas. No existe una estrategia sólida que permita a las compañías locales una mayor presencia en el exterior; en este sentido se han implementado diversas acciones como Puerta de las Américas que es un mercado internacional de artes escénicas, pero lo costoso de su implementación lo hace cada vez menos viable; otros mecanismos son los apoyos económicos a proyectos binacionales; pero en general la presencia en el exterior es siempre una labor que debe asumir cada compañía y no siempre se cuenta con apoyo oficial.

Para apoyar la creación coreográfica, México cuenta con un programa nacional de becas que son otorgadas tanto a bailarines que buscan perfeccionar su nivel técnico, como a coreógrafos y compañías de las más diversas trayectorias. Recientemente se creó México en Escena, que es un importante apoyo económico que se da a las compañías profesionales con la idea de que se consoliden y puedan emerger proyectos sustentables. A pesar de ello, en virtud del carácter insuficiente y acotado de estos apoyos, la actividad de la mayoría de las agrupaciones mexicanas sigue siendo fluctuante, aunque existen algunas compañías que han logrado permanencia y continuidad en su proyecto. Gracias también a este programa de becas, los coreógrafos mexicanos han podido viajar a otros países para colaborar en proyectos creativos en Canadá, Estados Unidos, Chile, Ecuador o Venezuela, por mencionar sólo algunos de los países con los que México tiene un constante intercambio cultural en materia de danza.

Para entender las principales características y contradicciones de la danza contemporánea mexicana es preciso tener en cuenta las condiciones de su origen. Nuestra danza nació como uno de los efectos, en el ámbito simbólico-artístico, del movimiento revolucionario de principios del siglo XX y sus repercusiones en las políticas estatales. Como consecuencia de la revolución el Estado impulsó y consolidó una de las políticas culturales más importantes de su tiempo a nivel mundial. Como resultado de la misma, la danza escénica recibió apoyos significativos con medidas de gobierno que llevaron a la creación de instituciones responsables del desarrollo de la danza; se fundaron escuelas y academias para la formación profesional de bailarines, coreógrafos y maestros; se crearon compañías de danza en las áreas de folclore, danza moderna y ballet que recorrieron el país y el mundo, mostrando a través del cuerpo y el movimiento, a un México en el que modernidad y tradición se fusionaban en nuevas formas expresivas.

Destacados artistas a nivel mundial encontraron en México el lugar para dar forma a sus creaciones. Entre ellos pueden mencionarse a las coreógrafas norteamericanas Anna Sokolov y Waldeen como algunas de las figuras más significativas que contribuyeron a dar forma a la danza moderna mexicana. De este periodo destacan también, Nellie Campobello, creadora de los ballets de masas; Miguel Covarrubias, intelectual y político mexicano que impulsó la formación de diversas instituciones culturales en el país que beneficiaron a la danza; y sobre todo Guillermina Bravo, directora y fundadora del Ballet Nacional de México, la compañía de danza moderna más importante del país y que sentó las bases para que la danza fuera una práctica extendida a nivel nacional. A estos nombres habría que agregar el de Raúl Flores Canelo, fundador del Ballet Independiente, quien tendió un puente entre la estética y preocupaciones de la llamada “época de oro” de la danza moderna mexicana y las formulaciones dancísticas de los coreógrafos de la década del 80. Mención particular merece José Limón, bailarín y coreógrafo mexicano que desarrolló su labor en los Estados Unidos, quien se sumó también a las tareas artísticas y docentes de nuestra danza.

Durante todo el siglo XX, generaciones de bailarines y coreógrafos construyeron la historia de un arte fuertemente enraizado en las demandas populares; primero fue el movimiento nacionalista, al que siguió la danza creada en la década de los ochenta en donde surgieron jóvenes creadores que revolucionaron el panorama y abrieron a México al mundo, para llegar a nuestro presente en el que no predomina una estética.

En términos generales, de cara a las políticas del Estado, pueden mencionarse tres grandes períodos de gestión cultural que han impactado fuertemente a nuestra danza: 1) el modelo “nacionalista-revolucionario” que implicó la creación del sostén institucional de nuestra danza (de la década de los 30 a finales de los 70) , 2) el modelo del “sistema de las bellas artes” que supuso la “modernización”, “optimización” y acotamiento del apoyo gubernamental a las artes a través de la creación del FONCA y el CONACULTA (finales de los 80) y 3) el actual modelo “gerencial”, que pretende regir a la cultura con criterios de rentabilidad y “eficacia” (de mediados de los 90 a la fecha). El presente predominio de los criterios gerenciales en buena medida está dificultando el desarrollo de nuestra danza, pues está impactando lo logrado mediante la aplicación de los anteriores modelos de gestión cultural. Por ejemplo, la pugna entre los derechos que el Estado debía asegurar a la producción y la distribución de obras y el abandono de las obligaciones sociales del Estado implícito en las lógicas neoliberales, explica de manera significativa las contradicciones y dificultades actuales de nuestra danza.

Es bajo esta compleja y contradictoria circunstancia que hay que contemplar, y matizar, las características de nuestra danza y de las políticas culturales del Estado, como las que se describen a continuación:

El relativamente fácil acceso a la cultura para la mayoría de la población es una importante tarea que desarrollan las instituciones culturales en México y esto es posible ya que la oferta cultural está financiada enteramente por el gobierno, aunque en fechas recientes se ha visto un auge de fundaciones privadas que también están invirtiendo en proyectos culturales. En relación a la danza, las temporadas en general se ofrecen al público con precios bajos en los boletos y muchos de los festivales de danza que se llevan a cabo en el país tienen entrada gratuita a sus actividades. Sin embargo la afluencia de espectadores a la danza es baja en comparación con las otras prácticas artísticas, mucho de ello se debe a que esta disciplina es la que menores recursos financieros recibe. No obstante esta tendencia se está revirtiendo pues cada vez aumenta el número de becas y apoyos que se otorgan a los coreógrafos y bailarines, aunque las estrategias para generar nuevos públicos continúa siendo el punto débil.

Para la formación de coreógrafos y bailarines, México cuenta con escuelas de formación artística que cubren diferentes niveles educativos. El INBA –Instituto Nacional de Bellas Arte tiene 4 centros de iniciación artística; 12 bachilleratos en arte distribuidos en 10 estados del país y 6 escuelas profesionales que forman coreógrafos, docentes y bailarines en clásico, folclore y contemporáneo.
17 universidades y centros de enseñanza superior en el país tienen la licenciatura en danza, de ellas 9 son públicas y 8 son privadas. La existencia de estos centros educativos ha permitido que hoy en día los bailarines mexicanos tengan un alto nivel técnico lo que les permite acceder a compañías internacionales de renombre. Sin embargo, aunque la formación de coreógrafos ha sido fructífera, se requiere actualizar los contenidos curriculares de las escuelas y de una amplia labor con los docentes para ponerlos en contacto con las nuevas tendencias de la danza que les permita a los nuevos artistas de la danza dialogar de nuevo con la complejidad del mundo contemporáneo.

El Centro Nacional de Investigación y Documentación de la Danza “José Limón”, es la institución responsable a nivel nacional de elaborar los materiales teóricos sobre la danza. Promueve una amplia reflexión en torno a la danza y busca establecer vínculos académicos entre las diferentes escuelas, compañías e instituciones tanto del país como del extranjero. Cuenta con más de cien títulos editados entre los que se encuentran las investigaciones realizadas por los propios académicos del centro, así como traducciones de obras fundamentales para la danza contemporánea, bibliotecas digitales, CD ROOMs y videos. Además de actividades tales como encuentros internacionales, cursos, talleres y seminarios permanentes de reflexión teórica.

La reflexión teórica sobre la danza contemporánea, si bien no ha impactado lo suficiente a las principales instituciones académicas, sí ha ganado arraigo y profundidad. Cabe señalar que han sido los propios bailarines y coreógrafos, particularmente mujeres, quienes se han convertido en teóricos de la danza. Para lograrlo se han formado en áreas tales como antropología, historia, psicoanálisis, estudios de género, filosofía y pedagogía. Esto les ha permitido investigar un amplio abanico de las prácticas de nuestra danza. De manera sintética, pueden señalarse las siguientes áreas de investigación: estudios históricos, de género, de la relación de la danza con el poder, sobre la cuerpo y sobre las poéticas.

En la actualidad la danza contemporánea mexicana se enfrenta a una amplia discusión sobre su papel social, sobre las nuevas formas de entender el arte coreográfico. El alto nivel que han logrado muchos creadores demuestra que la danza mexicana requiere mayores apoyos presupuestales por parte del gobierno y una decidida política que permita colocarla en los principales foros internacionales. Y es aquí donde se encuentra el principal reto actual de nuestra danza: lo logrado es mucho y es preciso afianzarlo en contradicción con actuales los criterios gerenciales de gestión cultural.

Texto elaborado por Hayde Lachino y Javier Contreras V., octubre 2007
Con información aportada por el Instituto Nacional de Bellas Artes, la Coordinación Nacional de Danza y el Centro Nacional de Investigación de la Danza “José Limón”

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